Autora colaboradora: Leticia Sonon, PhD, Bióloga de Campo Senior, Miller Chemical
Un suelo sano produce cultivos más sanos y contribuye al bienestar de las comunidades. La salud del suelo es un componente esencial de la agricultura y requiere una gestión adecuada y prácticas de conservación que aseguren su funcionalidad, productividad y resiliencia a largo plazo. La fertilidad del suelo suele ser el resultado de una buena salud edáfica. Sin suelos fértiles, los agricultores tendrían dificultades para alcanzar los rendimientos necesarios, desarrollar programas de mejoramiento de cultivos y satisfacer las crecientes demandas de producción de alimentos.
¿Qué se considera un suelo sano?
La salud del suelo se refiere a la condición y calidad general del suelo, incluyendo sus propiedades físicas, químicas y biológicas. Se define como la capacidad continua del suelo para funcionar como un ecosistema vivo esencial que sustenta a las plantas, los animales y los seres humanos.
Los suelos agrícolas deben ser capaces de retener suficiente agua, contener niveles adecuados de nutrientes, presentar una buena estructura que permita a las raíces penetrar fácilmente grandes volúmenes de suelo y albergar una diversidad de organismos benéficos. Un suelo saludable contribuye a la seguridad alimentaria, reduce los riesgos asociados a la erosión y ayuda a mitigar los efectos del cambio climático.
Le pedimos a la Dra. Leticia Sonon , Bióloga de Campo Senior de Miller Chemical, que respondiera algunas de las preguntas más frecuentes sobre la salud del suelo.
Preguntas y Respuestas: ¿Por qué es importante cuidar la salud del suelo?
En los últimos años se ha hablado mucho más sobre la salud del suelo. ¿Qué acciones pueden ayudar a mejorarla en los diferentes sistemas agrícolas?
- Minimizar la perturbación del suelo para preservar los agregados del suelo, reducir la erosión, disminuir la compactación y promover la actividad biológica. La compactación restringe el crecimiento de las raíces, reduce la aireación del suelo, limita la infiltración de agua y afecta negativamente a los organismos que habitan en él. Aunque las alteraciones ocasionadas por la maquinaria agrícola pesada y los animales son inevitables, reducir al mínimo estos eventos durante las labores de campo contribuye a mantener un suelo más saludable. Entre las prácticas recomendadas se encuentran la reducción de la labranza, la optimización del momento de aplicación de insumos agrícolas, la rotación del ganado, el tráfico controlado de maquinaria y evitar las labores de labranza cuando el suelo se encuentra húmedo.
- Maximizar la cobertura del suelo para protegerlo de la erosión, incrementar el contenido de materia orgánica, moderar las fluctuaciones de temperatura, fijar nitrógeno atmosférico mediante el uso de leguminosas y promover la biodiversidad del suelo. Esto puede lograrse mediante la siembra de cultivos de cobertura, como leguminosas, gramíneas u otras especies vegetales, entre los ciclos de los cultivos principales. Asimismo, el uso de acolchados (mulch) y la conservación de los residuos de cosecha contribuyen a proteger y mejorar la calidad del suelo.
- Maximizar la biodiversidad en las actividades agrícolas para interrumpir los ciclos de enfermedades, estimular el crecimiento de las plantas y proporcionar hábitat para los polinizadores y los organismos que habitan en el suelo. Esto puede lograrse mediante la siembra de una diversidad de cultivos de cobertura, la implementación de rotaciones de cultivos y la integración de sistemas ganaderos dentro de la producción agrícola.
- Realizar análisis y monitoreo periódico del suelo para evaluar parámetros como el pH, los niveles de nutrientes y otras propiedades físicas, químicas y biológicas. Esta información permite tomar decisiones fundamentadas sobre las prácticas de manejo del suelo, optimizar el uso de insumos y mantener su productividad y salud a largo plazo.
¿Cuál es la respuesta de la industria para mejorar la salud del suelo?
Reconociendo el papel fundamental que desempeña la salud del suelo en una agricultura sostenible y más resiliente, la industria ha respondido al creciente interés por este tema mediante diversas iniciativas. El sector ha demostrado su compromiso con las prácticas sostenibles a través de inversiones en innovación que han permitido desarrollar:
- Desarrollo de productos compatibles con la salud del suelo y la microbiota, tales como aditivos que contienen carbono y sirven como fuente de alimento para los microorganismos, acondicionadores de suelo, bioestimulantes y estimulantes microbianos que favorecen la actividad biológica y aumentan el contenido de materia orgánica en el suelo.
- Desarrollo de agroquímicos más rentables y con mayor eficiencia de uso, permitiendo a los agricultores aplicar los productos de manera más precisa y responsable. Esto contribuye a mejorar la rentabilidad de las explotaciones agrícolas, al tiempo que genera beneficios ambientales mediante un uso más eficiente de los insumos.
- Tecnologías de Agricultura de Precisión, incluida la robótica. La industria está invirtiendo en tecnologías de agricultura de precisión que permiten a los agricultores aplicar fertilizantes y productos fitosanitarios de manera más exacta y eficiente. Esto reduce el uso excesivo de insumos y minimiza los impactos negativos sobre la salud del suelo y el medio ambiente.
- Manejo balanceado de nutrientes. La industria proporciona recomendaciones técnicas sobre las dosis óptimas y los métodos de aplicación más adecuados para asegurar que los nutrientes se suministren en cantidades acordes con los requerimientos de los cultivos. De esta manera, se reduce la pérdida de nutrientes por escorrentía, se previene la degradación del suelo y se mejora la eficiencia en el uso de los insumos agrícolas.
- Manejo Integrado de Plagas (MIP). Muchas empresas promueven la adopción de prácticas de Manejo Integrado de Plagas (MIP), las cuales enfatizan el uso adecuado y responsable de los plaguicidas como parte de una estrategia integral para el control de plagas. Asimismo, se observa una tendencia creciente hacia la utilización de bioplaguicidas y otras alternativas de control biológico, con el fin de reducir el impacto ambiental y favorecer la sostenibilidad de los sistemas agrícolas.
- Investigación y educación. Las empresas del sector agroquímico están invirtiendo en investigación para comprender mejor la relación entre sus productos, la salud del suelo y la productividad de los cultivos. Además, impulsan programas de capacitación y transferencia de conocimiento que ayudan a los productores a adoptar prácticas agrícolas más eficientes y sostenibles.
- Apoyo a prácticas sostenibles y programas de educación y divulgación. Las empresas son cada vez más conscientes de la importancia de la salud del suelo y respaldan activamente prácticas agrícolas sostenibles, como el uso de cultivos de cobertura, la reducción de la labranza y otras estrategias de manejo que contribuyen a conservar y mejorar la calidad del suelo. Asimismo, promueven iniciativas de capacitación, extensión y divulgación técnica para fomentar la adopción de estas prácticas entre los productores agrícolas.
¿Qué nuevas tecnologías están disponibles para que los agricultores monitoreen la salud del suelo?
A lo largo de los años, los laboratorios han evaluado las propiedades químicas, físicas y biológicas de los suelos y han establecido relaciones entre estos parámetros para describir la salud de un suelo en particular. Estos parámetros se consideran indicadores de la capacidad funcional del suelo y de su aptitud para sostener la producción agrícola de manera sostenible. Las pruebas biológicas incluyen la medición de la biomasa microbiana, la materia orgánica particulada, las enzimas del suelo, la respiración microbiana y el carbono orgánico total. Las pruebas químicas comprenden parámetros como la conductividad eléctrica, el carbono activo o reactivo, el pH del suelo, los niveles de nitrato y la disponibilidad de nutrientes. Por su parte, las evaluaciones físicas consideran indicadores como la densidad aparente, la estructura del suelo, la aireación, la estabilidad de los agregados y la capacidad de retención de agua.
Los avances tecnológicos han impulsado el desarrollo de métodos innovadores que permiten monitorear la salud del suelo con mayor precisión, rapidez y eficiencia.
- Redes de sensores. Las redes inalámbricas de sensores, equipadas con diversos dispositivos de medición, permiten monitorear múltiples parámetros del suelo, como la humedad, la temperatura, la conductividad eléctrica y el carbono total del suelo. Estas tecnologías proporcionan a los agricultores datos precisos, continuos y en tiempo real, facilitando la toma de decisiones para mejorar la salud del suelo y la productividad de los cultivos.
- Análisis espectral. Las técnicas de teledetección, como las imágenes hiperespectrales y multiespectrales, permiten a investigadores y agricultores analizar la reflectancia espectral de los suelos. Esta información puede utilizarse para determinar características relacionadas con la composición del suelo, el contenido de humedad y los niveles de nutrientes, contribuyendo a una gestión más eficiente y precisa de los recursos agrícolas.
- Secuenciación de ADN. Las técnicas de secuenciación de ADN de nueva generación permiten analizar las comunidades microbianas presentes en el suelo. Estas herramientas ayudan a los investigadores a comprender la diversidad y actividad de los microorganismos, aspectos fundamentales para evaluar la salud del suelo y su capacidad funcional.
- Kits de análisis de ADN y ARN del suelo. Actualmente existen kits comerciales que permiten a agricultores y jardineros extraer y analizar ADN o ARN a partir de muestras de suelo. Estos análisis proporcionan información valiosa sobre la diversidad y actividad microbiana, facilitando una mejor comprensión de la salud biológica del suelo.
- Soluciones basadas en aplicaciones móviles. Las aplicaciones móviles y plataformas de software especializadas permiten a los usuarios recopilar, gestionar y analizar datos relacionados con la salud del suelo. Estas herramientas facilitan el monitoreo de indicadores clave y apoyan la toma de decisiones para optimizar las prácticas de manejo agrícola.
¿Cuál es el impacto sobre los alimentos y los ecosistemas cuando no existe una buena salud del suelo?
Cuando el suelo no se encuentra en condiciones saludables, pueden generarse efectos negativos de gran alcance sobre los ecosistemas, la agricultura, el medio ambiente y la sociedad. Entre los principales impactos se encuentran:
- Sin un suelo productivo y saludable, resulta imposible producir suficientes alimentos para abastecer a una población mundial en constante crecimiento. Los suelos degradados carecen de los nutrientes esenciales, la estructura adecuada y la diversidad microbiana necesarias para un crecimiento óptimo de los cultivos.
- Los suelos no saludables son más vulnerables a la erosión causada por el viento y el agua, lo que provoca pérdida de suelo fértil y deterioro ambiental. Por ejemplo, las tormentas de polvo pueden generar sedimentos suspendidos en el aire que representan riesgos para la seguridad vial y problemas de salud, especialmente para las personas con afecciones respiratorias. Además, los agroquímicos adheridos a las partículas de suelo pueden contaminar las aguas superficiales y subterráneas.
- Los suelos degradados tienen una capacidad reducida para secuestrar carbono. En lugar de almacenarlo, pueden favorecer su pérdida a través de procesos de descomposición, liberando dióxido de carbono (CO₂) a la atmósfera y contribuyendo al cambio climático.
¿Por qué debe priorizarse la salud del suelo?
Según un informe de las Naciones Unidas publicado en 2017, las tendencias globales indican que el 20 % de las tierras de cultivo, el 16 % de las áreas forestales, el 19 % de los pastizales y el 27 % de las tierras de pastoreo presentan una disminución persistente de su productividad debido a la degradación del suelo. Si esta situación no se atiende oportunamente, podría tener repercusiones significativas sobre la seguridad alimentaria mundial. Gestionar los sistemas productivos con un enfoque orientado a la salud del suelo permite a los productores trabajar con la tierra y no contra ella, reduciendo la erosión, mejorando la infiltración de agua, optimizando el reciclaje de nutrientes, disminuyendo los costos de producción y fortaleciendo la resiliencia de sus predios agrícolas. La salud del suelo es un tema fundamental y complejo que involucra una amplia variedad de factores físicos, químicos y biológicos. Priorizar su conservación y mejora genera numerosos beneficios, entre ellos el aumento de la productividad agrícola, la creación de oportunidades económicas, la reducción de la erosión y el fortalecimiento de la biodiversidad. Para mantener y mejorar la salud del suelo, es esencial que los agricultores adopten principios básicos de manejo, como minimizar la perturbación del suelo, mantener una cobertura permanente, implementar rotaciones de cultivos y fomentar la biodiversidad dentro de los sistemas productivos. Las tendencias actuales son alentadoras, como lo demuestra el creciente interés por la agricultura regenerativa, la siembra directa o cero labranza y el uso de cultivos de cobertura. Sin embargo, tanto los pequeños como los grandes productores desempeñan un papel fundamental en la promoción y conservación de la salud del suelo. Para afrontar con éxito los desafíos actuales y futuros de la agricultura, es fundamental seguir fortaleciendo nuestro compromiso con la gestión responsable y sostenible del suelo. Solo mediante una administración más eficiente de este recurso podremos garantizar la productividad, la resiliencia y la sostenibilidad de los sistemas agrícolas a largo plazo.
Leticia Sonon es Bióloga de Campo Senior en Miller Chemical and Fertilizer, empresa perteneciente a Huber y con sede en Atlanta, Georgia, Estados Unidos. Es responsable de coordinar los ensayos de investigación en campo que la compañía desarrolla tanto en Estados Unidos como en otros países.
Obtuvo su doctorado (Ph.D.) en Química de Suelos en la Universidad Estatal de Kansas, una maestría (M.S.) en Química y Fertilidad de Suelos en la Universidad de Cornell y una licenciatura (B.S.) en Ciencias del Suelo en la Universidad Estatal de Visayas, en Filipinas. Además, realizó estudios posdoctorales en Química de Suelos en la Universidad Estatal de Iowa.